El papa, ataviado con capa pluvial y mitra doradas, presidió las Vísperas y
la solemne ceremonia del Te Deum en la imponente Basílica de San Pedro, como es
habitual cada 31 de diciembre, una tradición que inició el papa Pablo VI en su
"Marialis Cultus".
Joseph Ratzinger agradeció la presencia del consistorio romano, con su
alcalde a la cabeza, Gianni Alemanno, quienes acudieron a San Pedro para
acompañar a su Obispo, Benedicto XVI, a quien regalaron un cáliz, "según una
hermosa tradición".
Tras el canto de los salmos, Benedicto XVI dirigió su alocución ante
cardenales, obispos y autoridades civiles y religiosas.
"Otro año llega a su término, mientras que, con la inquietud, los deseos y
las esperanzas de siempre, aguardamos uno nuevo" y agregó que "muchas veces nos
preguntamos ¿qué sentido damos a nuestros días?".
"Hay una respuesta a este interrogante, se encuentra escrita en el rostro de
un Niño que hace dos mil años nació en Belén y que hoy es el Viviente,
resucitado para siempre de la muerte", afirmó.
Y agregó: "En el tejido de la humanidad, desgarrado por tantas injusticias,
maldades y violencias, irrumpe de manera sorprendente la novedad gozosa y
liberadora de Cristo Salvador, que en el misterio de su encarnación y nacimiento
nos permite contemplar la bondad y ternura de Dios".
Desde el día en que nació el Señor "la plenitud del tiempo ha llegado a
nosotros. Así pues, no hay lugar para la angustia frente al tiempo que pasa y no
vuelve; ahora es el momento de confiar infinitamente en Dios, de quien nos
sabemos amados", dijo el papa de 84 años.
"Desde que el Salvador descendió del cielo el hombre ya no es más esclavo de
un tiempo que avanza sin un porqué, o que está marcado por la fatiga, la
tristeza y el dolor", dijo el papa.
Y abordó la cuestión de la fe y de la razón, en alianza "como las dos alas
con las que el espíritu humano se eleva a la contemplación de la Verdad".
"¿Por qué creo?", se interrogó el papa y respondió: "Para dar primacía a la
verdad; hacer fecundo el diálogo entre cristianismo y cultura moderna; hacer
descubrir de nuevo la belleza y actualidad de la fe, no como acto en sí,
aislado,(..) sino como orientación constante,(..) que lleva a la unidad profunda
de la persona haciéndola justa, laboriosa, benéfica, buena".
"Se trata de reavivar una fe que instaure un nuevo humanismo capaz de
generar cultura y compromiso social", dijo.
El papa hizo alusión a las jóvenes generaciones, "que acusan más la
desorientación agravada además por la crisis actual, no sólo económica sino
también de valores, y tienen necesidad sobre todo de reconocer a Jesucristo como
la clave, el centro y el fin de toda la historia humana".
Para el Obispo de Roma, "los padres son los primeros educadores de la fe de
sus hijos, desde su más tierna edad; por tanto, es necesario sostener a las
familias en su misión educativa, a través de iniciativas adecuadas".
Benedicto XVI exclamó "Te Deum laudamus!" (Te alabamos, Señor) y añadió "así
canta también la Iglesia que está en Roma, por las maravillas que Dios ha
realizado y realiza en ella. Con el alma llena de gratitud nos disponemos a
cruzar el umbral del 2012, recordando que el Señor vela sobre nosotros y nos
cuida".

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