Luis Santiago Paulino, padre de Paulino Consuegra, dijo su hijo se dedicaba a la venta de drogas y que formaba parte de una banda que, al parecer, se enfrentó con otra que terminó con la vida de los dos primos.
Figueroa Ferreira tenía residencia norteamericana y vivía con su madre en la calle Rigoberto Ángel García, del Ensanche Quisqueya; y Paulino Consuegra vivía en la calle Respaldo María Nazaret, de Los Guandules, del Distrito Nacional.
Ambos jóvenes salieron juntos el viernes por la tarde, pero no regresaron a sus hogares, según sus familiares.
Hasta ahora las investigaciones se mantienen estancadas, debido al silencio que suele rodear estos horripilantes casos de asesinatos ordenados por el narcotráfico y el crimen organizado, dijo a este diario un investigador de la Policía.
“Nadie quiere hablar, y a veces resulta difícil encontrar pistas contundentes sin la colaboración de familiares y allegados de los ejecutados”, agregó.
El domingo la Procuraduría general de la República dispuso una investigación del hecho de sangre, pero los fiscales han avanzado poco porque los posibles testigos “siempre evaden las preguntas y nadie quiere decir nada que los comprometa”, dijo el investigador.
Según el informe de Patología Forense, ambos jóvenes fueron ejecutados de un balazo en la nuca cada uno y sus cuerpos decapitados luego. También les cortaron las manos. Los miembros amputados aparecieron incinerados a unos dos kilómetros de los cuerpos.
Miguel Valdez Paulino, tío de las dos víctimas, dijo que las familias estaban horrorizadas y no se explican las razones por las que fueron asesinados con tanta saña porque, que ellos sepan, no estaban involucrados en drogas como ha publicado la prensa.
Según investigaciones preliminares de la Policía los primos salieron acompañados de una jovencita que tenía relaciones con uno de ellos y se encontraron en un establecimiento en la avenida San Vicente de Paul.
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